Después de la fallida construcción de la Torre de Babel, los descendientes de Noé se multiplicaron y se dispersaron por el mundo hasta ahora conocido. Después de muchísimos años, apareció un personaje importantísimo, porque es el primer patriarca del pueblo de Israel, se llamaba Abram, y la historia de su vida abarca varios capítulos del Génesis.
Nació en Ur de Caldea, cerca del Golfo Pérsico y también cerca del lugar donde existió el paraíso terrenal. Su padre se llamaba Téraj, y tenía dos hermanos: Najor y Harán. Los tres se casaron y tuvieron hijos, menos Abram, porque su mujer, Saray, era estéril. Harán murió relativamente pronto y dejó un hijo, Lot, que quedó al cuidado de su abuelo Téraj. Un buen día Téraj tomó a su hijo Abram, a su nuera Saray y al nieto Lot y se marchó de Ur de Caldea hacia Canaán. Llegaron a Jarán y se establecieron allí. En Jarán murió Téraj. En ese lugar Dios llamó a Abram y le dijo : “Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré”. Abram obedeció y creyó en la promesa, a pesar de tener 75 años y una mujer anciana y estéril. Partió, pues, hacia Palestina con su esposa y su sobrino.
Se presentó una carestía muy grande en esa región, y Abram tuvo que emigrar hacia una región fértil de Egipto. Aquí sucedió una cosa muy curiosa: pensando que la belleza de Saray llamaría la atención del faraón y éste lo mataría para quedarse con ella, la presentó como su hermana. En efecto el faraón quedó prendado de ella, la mandó llamar a palacio y dio a Abram “ovejas, bueyes, asnos y siervos”. Lo hizo muy rico. Pero Dios castigó al faraón por causa de Saray y, al saber la verdad, se la restituyó a Abram y lo obligó a abandonar el país.
Regresó a Palestina con Saray, Lot, sus siervos y sus ganados. Ya era bastante rico, pero por la escasez de pastos, los pastores de Abram riñeron con los de Lot, y para evitar más dificultades, las dos familias se separaron: Lot escogió los pastos fértiles del Jordán y se estableció en Sodoma. Abram se dirigió hacia Mam-bré. Fue allí en donde el Señor le dijo: “Abre tus ojos y desde el lugar donde estás mira al norte y al medio día, al oriente y al occidente. Toda esa tierra que ves te la daré yo a ti y a tu descendencia para siempre. Haré tu descendencia como el polvo de la tierra”. Pero seguía sin hijos; y, sin embargo, creyó. Por eso, es el hombre de fe por excelencia.
La Biblia narrada a niños de 9 a 99 años, Justino Beltrán
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