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13 jun 2018

EL JOVEN DE CARACTER - TIHAMER TOTH

CAPÍTULO 1. ¿CUÁL ES EL JOVEN DE CARÁCTER?

#4. Un corazón de bronce 

Ahora ya sabes de quien decimos: es un joven de carácter. Lo decimos de aquel que tiene principios, ideales nobles y sabe ejecutarlos y permanecer firme en ellos. Permanecer firme aun cuando nadie en el mundo confiese estos nobles ideales; aun cuando todos los que le rodean sean cobardes y sin carácter. Permanecer firme a pesar de millares y millares de ejemplos adversos y malos. ¡Permanecer firmes en nuestros principios, sean cuales fueren las circunstancias! Sólo Dios sabe cuan terriblemente difícil es a veces.

Cuando muchachos sin entrañas, cual jauría suelta, torturan largo rato a un compañero de menor capacidad, y éste como ciervo asustado ante los perros de caza en vano mira a su rededor buscando ayuda..., desviar entonces con suavidad el interés de los compañeros crueles, esto es amor, valentía, fidelidad de principios: Un corazón de bronce.

Cuando en un grupo de jóvenes imberbes se salpican con burlas y hiel las más santas verdades religiosas y con «argumentos» sacados de libros baratos –hojarasca de literatura–, entre rudas carcajadas, se refutan, las enseñanzas de la clase de religión..., levantar entonces la palabra sin espíritu de ofender, pero con valentía incontrastable, con ciencia imponente, descubriendo los errores y falsos argumentos, y defender la doctrina que ha servido de blanco a la mofa, es algo que requiere carácter fuerte, heroísmo.

Cuando la risa despreocupada de tus compañeros se oye debajo de tu ventana y te atrae el patio de recreo apartándote de la ingrata lección de álgebra, permanecer en estas ocasiones, con vigorosa decisión, fieles al deber, es propio de todo un carácter:

Un corazón de bronce.

En las sangrientas persecuciones de los primeros siglos cristianos apresaron a un campesino sencillo y le pusieron ante una estatua de Júpiter... «Echa incienso en el fuego y sacrifica a nuestro dios». «¡No lo hago!», contesta con calma Barlaam. Empiezan a torturarlo. En vano. Entonces extienden, a viva fuerza su brazo para que la mano esté justamente encima de las llamas, y le ponen incienso en la palma. «¡Deja caer el incienso y serás libre!». «¡No lo hago!», repite Barlaam. Y allí está en pie, inconmovible, con el brazo extendido... La llama del fuego va subiendo, ya está lamiendo la palma de la mano, ya empieza a humear el incienso...; pero el hombre sigue impertérrito. El fuego consumió su mano, y así se quemó el incienso, pero el corazón del mártir Barlaam no fue perjuro a su Dios: Un corazón de bronce. Hijo mío, ¡cuán pocos son, por desgracia, en nuestros días, los que tienen este carácter de mártir! El carácter al cual rindió ya pleitesía el poeta pagano al escribir:

Justum, ac tenacem propositi virum...
Si fractus illabatur orbis,
Impavidum ferient ruinae.

Al hombre justo y firme en sus propósitos..., aunque el mundo resquebrajado caiga, lo encontrarán impávido las ruinas. ¡Aquel soldado de Pompeya, que estaba de centinela cuando la erupción del Vesubio! La lava hirviente redujo a cenizas todo cuanto había en torno suyo; todo se desplomaba, todo se deshacía, todo se tambaleaba en derredor de él, ¡mas no se movió ni un solo paso del lugar que le señalara el deber!

Pues bien, hijo mío, este temple, esta fidelidad de principios, esta frente levantada, esto es lo que llamamos carácter.

Pero, ¡ay!, si ahora fijo la mirada en los muchachos, ¡qué tipos más distintos veré! Pero ¡cuán distintos! Veo estudiantes perfumados, que se exhiben como damiselas en los paseos. Estudiantes que no saben salir del «cine». Estudiantes que nunca dejan las tertulias. Estudiantes con monóculo y cigarrillo. Estudiantes que saben de memoria las noticias de los diarios de deportes. Estudiantes que devoran páginas y más páginas de literatura barata. Estudiantes holgazanes. Y una inmensidad de estudiantes que todo saben menos estudiar.

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