Después de la expulsión del paraíso, Adán y Eva comenzaron a vivir una vida muy distinta: nada de delicias y sí mucho trabajo. Tuvieron hijos. Sobresalen Caín y Abel. El primero fue labrador y el segundo pastor. Se supone, como anota la Biblia de Jerusalén, una civilización desarrollada y la existencia de un culto. Caín y Abel son presentados como los primeros hijos de Adán y Eva pero cier- tamente ya tenían otros hijos e hijas.
Caín no era de buenos sentimientos, mientras que Abel era una buena persona en sus relaciones con Dios y con los demás. Ambos ofrecían sacrificios a Dios, pero el Señor “miró propicio a Abel y su oblación, mas no miró propicio a Caín y su oblación”. No sabemos cómo Dios manifestó su complacencia y su disgusto, pero Caín se dio cuenta, “por lo cual se irritó en gran manera y se abatió su rostro”. Entonces Dios le llamó la atención para que se convirtiera: “¿Por qué andas irritado y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar”.
Caín no escuchó la voz de Dios, sino que persistió en su maldad. Invitó a su hermano a ir al campo, “y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató”. Después de la rebelión del hombre contra Dios (pecado de Adán y Eva), ahora tenemos la rebelión del hombre contra el hombre (pecado de Caín contra Abel). Por la rebeldía del hombre contra Dios, le fue anunciada la muerte a Adán: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás”. Es decir, el hombre quedó condenado a la muerte.
Pero esa muerte anunciada todavía no había aparecido. Aparece aquí con el fratricidio. Caín mata a Abel por envidia y por no haber escuchado la voz de Dios que lo llamaba a la conversión.
Cometido el crimen, Dios le pide cuentas a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. Y él, como si nada hubiera pasado, le contesta: “No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?”. Es decir, continúa en su maldad: no reconoce su culpa y añade la mentira. Y viene el castigo: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante estarás en la tierra".
La Biblia narrada a niños de 9 a 99 años, Justino Beltrán
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