Algunos años después de la separación de Abram y Lot, estalló una guerra entre las ciudades de Mesopotamia y de los alrededores de lo que hoy es el Mar Muerto. Los invasores saquearon todas las haciendas de Sodoma y Gomorra y se llevaron también a Lot y su familia. Alguien le avisó a Abram y éste los persiguió, los venció, y rescató a su sobrino Lot.
A su regreso, fue cuando le salió al encuentro Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén) ofreciendo pan y vino, como sacerdote que era del Dios Altísimo, y bendijo a Abram diciendo: “Bendito Abram del Dios Altísimo que ha puesto en tus manos a tus enemigos”. Melquisedec simboliza al Mesías, rey y sacerdote por excelencia; el pan y el vino que él ofreció simbolizan el sacrificio eucarístico, nuestra Eucaristía.
Después de esto no sabemos más de Melquisedec. Dios vuelve a presentarse a Abram, dialoga con él, le promete ser su defensor, y esta vez Abram sí se atreve a exponerle su problema: “He aquí que no me has dado descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar”, pero Dios le promete: “No te heredará ese, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas... Mira el cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas. Así será tu descendencia”. Y Abram le creyó. Saray, al verse anciana y sin hijos, le propone a su esposo que tenga un hijo de su esclava egipcia, llamada Agar. El acepta y tiene su primer hijo que se llamó Ismael. A los trece años, nuevamente se manifiesta el Señor a Abram y le dice: “Yo soy El-Sadday, anda en mi presencia y sé perfecto... No te llamarás más Abram sino que tu nombre será Abraham, pues te he constituido padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobre manera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti”.
Abraham tenía ya 99 años y un hijo, pero de la esclava. ¿Sería Ismael el padre de esa muchedumbre de pueblos? Dios lo saca de dudas: “A Saray tu mujer no la llamarás más Saray, sino que su nombre será Sara. Yo la bendeciré y se convertirá en naciones: reyes de pueblos procederán de ella”. Aunque parecía imposible, Abraham creyó, y al año siguiente Sara dio a luz a su primer hijo a quien Abraham llamó Isaac.
La Biblia narrada a niños de 9 a 99 años, Justino Beltrán
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