1. RELATO BÍBLICO (Gén 4,1-16)
Diversas interpretaciones para entender su mensaje y evitar los anacronismos históricos. Desde la Historia no se entiende que siendo hijos de Adán y Eva, Caín pudiera edificar una ciudad (Gén 4,17), temer ser matado por otros (Gén 4,14) y que, además, fuese agricultor (Gén 4,2). ¡Vida urbana, sedentaria y agrícola en los primeros momentos de la humanidad!
— Para algunos, el autor yahvista (beduino) toma este relato por el que se quería explicar el maldito origen de una tribu enemiga (los quenitas que eran agricultores) y, viendo su contenido de presencia del pecado, lo coloca después de la Caída en el Paraíso.
De esta forma, Abel y Caín se hacen, sin más, hijos de Adán y Eva.
— El relato, como composición literaria que es, no pretende contar un hecho histórico del pasado, sino ofrecer un mensaje religioso a los hombres del s. X a. C.: la vida sedentaria (Caín) ha sido siempre fuente de maldad por haber puesto fin al ideal nómada (Abel). El nomadismo pastoril fue mucho más apto para servir a Yahvé que la vida sedentaria y relajada de la ciudad. Dios acepta las ofrendas del pastor y rechaza las del agricultor.
— La tragedia de Caín: a lo largo del tiempo, se ha hecho de Caín el prototipo del mal; y de Abel, el paradigma del bien. No refleja esto el relato bíblico. Ambos hermanos quieren agradar al Señor, pero Dios acepta las ofrendas de Abel y rechaza las de Caín. El menor es preferido al primogénito, el pastor al agricultor, el débil al fuerte. El primogénito, orgulloso, se rebela contra el proceder de Dios y envidia a su hermano. Fratricidio. Queda simbolizada para siempre la lucha entre el bien y el mal entre los hombres. El pecado que comenzó siendo contra Dios (en Adán) se convierte en maldad contra el hombre (perspectiva social del pecado). A esta doble dimensión del pecado se opondrá el doble mandamiento que cifra toda la ley: el amor a Dios y al prójimo (Mt 22,40).
— Castigo. Miedo de Caín a que alguien (¿quién?) vengara la sangre de su hermano. Yahvé prohíbe que nadie le mate (tal vez con esta afirmación se está pretendiendo acabar en el siglo X a. C. con la práctica de la «Ley del talión»). Maldición de Yahvé a cultivar la tierra (ya era agricultor). Dios no abandona a Caín. La «marca» de Caín será signo de marginación para los hombres y de protección de Dios.
2. ORIENTACIONES CATEQUÉTICAS
— El pasaje se entiende en el contexto de la universalidad del pecado.
— Dios se muestra comprensivo siempre que el hombre acepte su culpa.
— Mensaje de Abel:
• Su único mérito es que Dios acepta sus ofrendas. Libre elección de Dios. Desdén por las grandezas terrenas y predilección por los humildes. Amor gratuito de Dios.
• Abel vive en todos los que encarnan el bien. Esa es su historicidad.
• Elogio del nomadismo pastoril. Esto invita a pensar sobre si los avances de la técnica producen la felicidad o, por el contrario, nos alejan de la relación con Dios (como a Israel).
— Mensaje de Caín:
• Caín no es pecador por ser asesino; llega a ser asesino porque era pecador.
Autosuficiencia de quien confía en sus obras.
• Caín simboliza la fuerza del mal. Su pecado es de rebeldía ante Dios. Compartimos su pecado: guerras, injusticias, opresiones.
• Caín confiesa su culpa (es más débil que malo). Dios le castiga y le protege. «Dios nunca quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva.» Pecar es propio del débil; reconocer la caída es propio del humilde.
• Todos vivimos «al Este del Edén».
• Sigue sonando hoy la frase de Yahvé: «Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo». Y seguro que está sonando con excesiva frecuencia.
PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO
1. ¿Qué afirmaciones catequéticas destacarías en este bello relato?
2. ¿En qué aspectos aparece la dimensión social del pecado?
3. ¿Cuáles son nuestros compromisos con la fraternidad?
4. ¿Qué situaciones de pecado en el mundo actual son «la sangre del hermano que clama desde el suelo»?
5. Si la sangre de Abel pide venganza, ¿qué pide la sangre de Jesús, según Hebreos 12,24?
Catequesis Bíblicas para jóvenes y adultos, Irure M.
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