Los dos bloques, Antiguo y Nuevo Testamento, no están cerrados en sí mismos, sino abiertos el uno al otro. El AT culmina en la promesa que está por venir, en el Mesías. El NT afirma que esa promesa se ha cumplido en Jesús de Nazaret. El Vaticano II dice: «El Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo» (DV 16).
Hacia Jesús miran el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Antiguo Testamento como a su esperanza; el Nuevo, como a su modelo. Ambos, como a su centro. El AT es como un telegrama divino cifrado a los hombres. La clave de interpretación es Cristo.
El punto de partida de la Biblia no es una idea, sino un acontecimiento fundamental:
— Para el pueblo de Israel, el acontecimiento es la liberación de Egipto y la Alianza del Sinaí.
— Para las primeras comunidades cristianas el acontecimiento fundamental (el Kerigma) es la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.
En ambos casos, tanto Israel como las comunidades cristianas, irán descubriendo progresivamente el sentido de su historia a la luz de aquel acontecimiento que les dio origen. El acontecimiento recordado y celebrado es el que va creando al grupo, da sentido al presente y da fuerzas para encarar el futuro.
Con el tiempo se ve la necesidad de poner por escrito lo que la comunidad había vivido. Así surgen los libros = la Biblia. Nace en la comunidad y crea comunidad, como fruto sazonado de la acción de Dios con su pueblo.
Cada escrito, cuando surge, representa la madurez a la que ha llegado el grupo; pero, al mismo tiempo, es un punto de partida para caminar hacia adelante. Así pues, los escritos de la Biblia responden:
— al acontecimiento fundante, como punto inicial;
— a la vida concreta del grupo, que debe ir descubriendo cómo vivir de acuerdo con aquel acontecimiento;
— a los especiales momentos que le obligan a cambios importantes, pero sin perder la fidelidad a los valores originales.
2. LA BIBLIA ES LITERATURA
Escritos por autores diferentes y en diversas épocas, ofrecen estilos diferentes y diversos géneros literarios.
Tienen un sentido muy peculiar de entender la historia. Para un historiador moderno un relato es verdadero si narra datos objetivos, comprobados. Para los autores sagrados, el relato es verdadero cuando sirve para mover al lector, para comunicar un mensaje, para que el hombre se abra a Dios.
Se utiliza la historia, «las historias», para transmitir mensajes teológicos abstractos, sin preocuparles para nada la historicidad del relato: en vez de hablar del pecado en abstracto se nos cuenta lo que les pasó a Adán y Eva; para explicar el sentido del dolor se inventa la historia de Job; el relato de Jonás ilustra maravillosamente un tema tan complicado como el del universalismo de la salvación.
El resultado final es todavía más complejo porque frecuentemente la redacción supone la síntesis de varios documentos de diferentes épocas y con diferentes preocupaciones. Por este motivo, se advierten repeticiones y hasta contradicciones. En los grandes relatos del Génesis aparecen tres fuentes documentales mezcladas: el Documento Yahvista («J». Se le nombra a Dios como Yahvé desde el paraíso. Procede de los siglos X-IX, época de la Monarquía. Origen beduino); el Documento Elohista («E». Dios recibe el nombre genérico de Elohim. Siglos IX-VIII); el Documento de tradición Sacerdotal («P». Procede de círculos sacerdotales. Siglo VI).
Además conviene tener muy presente los diversos tipos de literatura, «géneros literarios», del conjunto de la Biblia: «históricos», normativos, proféticos, poéticos, sapienciales, apocalípticos... con lenguajes muy diferentes y preocupaciones muy diversas.
3. LA BIBLIA ES PALABRA DE DIOS
Actúa en la historia y se revela en ella. La historia es el lugar donde se verifica, se hace verdadera esa Palabra. En las obras y en las palabras intrínsecamente ligadas entre sí se manifiesta Dios y se realiza la historia de la salvación (DV 2).
Es Palabra de Dios porque recoge la acción salvífica de Dios sobre el hombre y está inspirada por Dios porque ha intervenido para que se recogiese por escrito lo que el pueblo de Israel y las comunidades cristianas habían vivido.
4. LA BIBLIA ES PALABRA DE HOMBRE
Dios se manifiesta en la historia concreta del hombre, se encarna en la historia de unos hombres concretos, con una cultura y unas expresiones concretas. Dios habla «por medio de hombres y en lenguaje humano» (DV 12).
La Biblia es, pues, Palabra de Dios encarnada en palabras de hombre y en la cultura de un pueblo. En el lenguaje bíblico, la palabra no es sólo un medio de expresar ideas, sino que es también un aspecto de la realidad, el acontecimiento. Detrás de la palabra está la fuerza de la persona: «Dijo Dios y se hizo». La palabra escrita es prolongación de la palabra hablada. San Juan dirá: «La Palabra se hizo carne» = Palabra de Dios en palabra de hombre.
5. LA BIBLIA ES REVELACION
Dios se nos manifiesta a través de hechos y palabras inseparablemente unidos entre sí, que se confirman y se explican mutuamente (DV 2). De este modo la historia es revelación y es historia de salvación.
En todo hecho o acontecimiento se distinguen diversos niveles:
— el nivel más elemental lo constituye la materialidad de lo sucedido. Cualquiera puede observarlo;
— un nivel más profundo es el de interpretación del hecho: antecedentes, causas, repercusiones (por qué sucedió así y no de otra manera);
— el nivel más profundo es el del sentido o dinámica que el hecho encierra. Si se descubre este nivel y se trasmite, ese hecho puede provocar una reacción, un movimiento de cara a la historia posterior.
Ejemplo: Liberación de Egipto: a) unos oprimidos logran escapar; b) causas y efectos de ese hecho; c) el hecho da origen y razón de ser a un pueblo.
Ejemplo: Muerte de Jesús: a) un ajusticiado en la cruz; b) causas religiosas y políticas que llevan a esa muerte; c) «murió y resucitó por nosotros = sentido salvador del hecho.
En el nivel más profundo se da la revelación. El espíritu de Dios ayuda a descubrir el sentido de tales acontecimientos como fundamento de la historia posterior. Ante necesidades nuevas, Dios seguirá estando presente ayudando al pueblo a descubrir cómo debe vivir las exigencias que aquel hecho original encerraba.
6. LA BIBLIA ES HISTORIA Y ES VIDA
La Biblia es testigo de su época; los escritores de los relatos narraron acontecimientos que tenían sentido en sus vidas y les abrían horizontes de futuro.
Los hechos narrados están abiertos al futuro y a nuevas lecturas desde situaciones nuevas. Nuestra vida actual entra a formar parte del relato, no para hacerle decir lo que nos interesa, sino para poder descubrir, siendo fieles al espíritu con el que fue escrito, la revelación de Dios para nosotros hoy.
Dios se nos sigue revelando y comunicando hoy en su Palabra.
7. LA BIBLIA, PALABRA DE DIOS EN LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA
La Biblia, como palabra de Dios dirigida al hombre, adquiere una total dimensión y significación cuando es proclamada en la asamblea de los fieles que se reúnen, en el nombre del Señor, para celebrar la liturgia, muy especialmente en la Eucaristía
PARA LA REFLEXION Y EL DIÁLOGO
1. ¿Qué consecuencias se siguen de afirmar que «la Biblia es literatura escrita por hombres»?
2. ¿Qué consecuencias se siguen de afirmar que «la Biblia es Palabra de Dios»?
3. ¿Qué disposiciones se requieren para que el estudio de la Biblia sea provechoso para cada uno y para el grupo?
4. ¿Recuerdas alguna parábola de Jesús alusiva a la Palabra de Dios?
5. ¿Qué señales de aprecio doy a la Palabra de Dios?
6. ¿Qué ha representado la Paladra de Dios hasta ahora en mi vida?
Catequesis bíblicas para jóvenes y adultos, Irure M.
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