CAPITULO 1. ¿CUÁL ES EL JOVEN DE CARÁCTER?
#2. ¿Cuál es el joven de carácter?
¿Qué es el carácter? ¿Qué pensamos cuando decimos de alguien es un joven de carácter? Con la palabra carácter entendemos la adaptación de la voluntad del hombre a una dirección justa; y joven de carácter es aquel que tiene principios nobles y permanece firme en ellos, aun cuando esta perseverancia fiel le exija sacrificios.
En cambio, es de carácter inestable, de poca garantía, débil, o –en último grado– es hombre sin carácter quien contra la voz de la propia conciencia cambia sus principios según las circunstancias, según la sociedad, según los amigos, etc., y hace traición a sus ideales desde el momento en que por ellos tenga que sufrir lo más mínimo.
Con esto ya puedes ver en qué consiste la educación del carácter. En primer lugar, hay que adquirir ideales, principios; después, tenemos que acostumbrarnos, con un ejercicio continuo, a obrar según nuestros nobles ideales en cualquier circunstancia de la vida. La vida moral del hombre sin principios está toda ella expuesta a continuas sacudidas y es como la caña azotada por la tempestad. Hoy obra de un modo, mañana se deja llevar por otro parecer.
Antes de todo, pues, pongamos principios firmes en nuestro interior; después, adquiramos fuerza para seguir siempre lo que hemos juzgado justo y recto.
El primer deber que te incumbe es formar principios rectos en tu alma. ¿Cuál es, por ejemplo, el principio recto en el estudio? «He de estudiar con diligencia constante, porque he de pulir las dotes que me fueron dadas según la voluntad de Dios». ¿Cuál es el principio justo respecto a mis compañeros? «Lo que deseo que me hagan a mí he de hacerlo yo también a los otros». Y así sucesivamente. En todo has de tener principios justos. El segundo deber –ya más débil– es seguir los principios justos; es decir, educarte para una vida de carácter.
El carácter no se da gratis, sino que hemos de alcanzarlo por una lucha tenaz de años y decenas de años. El aire del ambiente, cualidades heredadas, buenas o malas, pueden ejercer influencia sobre tu carácter; pero, en resumidas cuentas, el carácter será obra personal tuya, el resultado de tu trabajo autoeducativo. El hombre recibe dos clases de educación: una se la dan sus padres y la escuela; la otra –y ésta es la más importante– el propio trabajo auto-educativo.
¿Sabes qué es educación? Inclinar la voluntad del hombre de suerte que en cualquier circunstancia se decida a seguir sin titubeos y con alegría el bien.
¿Sabes qué es el carácter? Un modo de obrar siempre consecuente, cuyos móviles son principios firmes: constancia de la voluntad en el servicio del ideal reconocido como verdadero; perseverancia incontrastable del alma en plasmar el noble concepto de la vida.
Así verás que, en la educación del carácter, lo que resulta difícil no es tanto el formular rectos principios para la vida, que esto se consigue con relativa facilidad, cuanto el persistir en ellos a través de todos los obstáculos. «Es uno de mis principios y me mantengo en él, cueste lo que costare». Y como esta firmeza exige tantos sacrificios, por eso hay tan pocos hombres de carácter entre nosotros.
«Guardar siempre fidelidad a nuestros principios», «perseverar siempre en la verdad», etc., ¿quién no se entusiasmaría con tales pensamientos? ¡Si no costase tanto trocar estos pensamientos en obras! ¡Si no se esfumasen con tanta facilidad los planes bajo la influencia contraria de la sociedad, de los amigos, de la moda y de mi propio «yo», amado, cómodo!
Escribió Reinick: «No seas veleta, no empieces a cada momento algo nuevo; fíjate el objetivo y persíguelo hasta el fin».
En esto te servirá de ayuda la recta autoeducación.
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